La celulitis, una infección bacteriana de la piel causada con mayor frecuencia por estreptococos del grupo A (Streptococcus pyogenes) y menos por Staphylococcus aureus, ocurre comúnmente en pacientes pediátricos. La presentación clínica inespecífica de eritema en expansión y calor mal demarcados es común a una multitud de afecciones que se presentan de manera similar, lo que contribuye a los desafíos en el diagnóstico preciso.
Tampoco existe una prueba de diagnóstico estándar de oro para la celulitis, ya que las evaluaciones de laboratorio, los cultivos de tejidos y sangre y los estudios por imágenes no han sido útiles. Sin embargo, estos estudios complementarios pueden ser útiles para descartar imitadores o afecciones más graves o complicadas, como osteomielitis, fascitis necrotizante o abscesos. El diagnóstico sigue siendo en gran medida clínico y la evaluación por parte de un dermatólogo y/o especialista en enfermedades infecciosas sigue siendo el estándar de oro clínico. Como resultado, el acceso a la atención especializada y la investigación adicional sobre medidas complementarias útiles, como las imágenes térmicas, son imprescindibles para un diagnóstico y manejo precisos a fin de prevenir la antibiosis inapropiada. La resistencia a múltiples fármacos ha continuado evolucionando desde la aparición inicial de Staphylococcus aureus resistente a la meticilina asociado a la comunidad, y estudios más recientes muestran una disminución general de S. aureus resistente a la meticilina en la comunidad y las tasas más altas permanecen en la región sur de los EE.UU. A pesar de los cambios en los patrones de resistencia, los patrones de prescripción inapropiados han persistido y contribuyen al aumento de las tasas de resistencia a antibióticos como trimetoprima-sulfametoxazol y clindamicina. Por lo tanto, el diagnóstico preciso y el manejo posterior con la terapia antimicrobiana más estrecha posible es ideal tanto para los resultados individuales de los pacientes como para la salud pública.







